Un combate a ese escepticismo refinado y presumido, a ese ateísmo que nació y vivirá en crisis, a los vaivenes infértiles del seso, a la nada, a la ruleta rusa, al azar, a la generación espontánea o mágica y a la terquedad ciclópea. El no creer en Dios es una creencia fundamentalista y necia. Penoso es que rechaces la sangre preciosa derramada por Cristo en la cruz con tanto entusiasmo. Sí puedes aspirar a la gracia de la fe. Sólo pídelo con reverencia y la redención te hará una nueva criatura.